DESCRIPCIÓN

Localización

Las Bodegas Góngora se encuentran situadas en la localidad sevillana de Villanueva del Ariscal, dentro de la comarca del Aljarafe. Éste se extiende entre los ríos Guadalquivir y Guadiamar, a una altura de 160 mts. sobre el nivel del mar. Está situado en línea recta a 42 KM de la costa, cuyos vientos dominantes, llamados "mareas", le proporcionan su característico microclima.

Las Viñas

Se encuentran situadas en el Aljarafe de Sevilla, tierra con una gran tradición vitinícola ya desde los tiempos de la Sevilla Romana, según se desprende de las crónicas conservadas de la época, y que posee unas características especiales para el cultivo de la vid.

Las tierras son albarizas, conocidas por su capacidad de retener el agua a pesar de la falta de lluvias, que permiten la buena maduración de las uvas, a pesar de los grandes calores del verano. Las cepas producen en su mayoría uvas de la variedad Garrido Fino, de excelente calidad y muy adecuadas para la elaboración de vinos blancos, finos y generosos. Así mismo, también existen cepas de las variedades de uvas Pedro Ximénez y Moscatel, ideales para la elaboración de vinos dulces.

Capacidad e Instalaciones

Las Bodegas Góngora ocupan una superficie de 11.400 m2. Cuentan con 1.500 botas de roble americano, que se distribuyen en forma de soleras y criaderas por las diferentes bodegas existentes, como “El 126”, “La Virgen”, “El americano”, “las 70”, “La Esperanza”, etc., alcanzando una capacidad de almacenamiento de 2.000.000 de litros de vino.

Para la estabilización y adecuado tratamiento del vino, existe una planta con todas las instalaciones y equipos necesarios para atender las necesidades del mercado, sometiendo a todos nuestros productos a un riguroso control de calidad. Igualmente, contamos con una planta embotelladora y almacén de más de 500 m2 donde todos nuestros productos quedan listos y preparados para salir al mercado

Estas bodegas todavía conservan en perfecto estado de funcionamiento el viejo lagar del Siglo XVI, con su Prensa de Viga de Husillo y Quintal (una enorme prensa de madera de 17 m. de longitud y 15.000 kg. de peso), que ha sido declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Es la única prensa de este tipo que se mantiene hoy funcionando en perfecto estado de conservación.

La Viga

La prensa de Viga de Husillo y Quintal, junto con el antiguo lagar, datan del año 1.574, según documentos aparecidos en la antigua Hacienda de Pata de Hierro. Constituyen el auténtico “Sancta Sanctorum” de las Bodegas Góngora, y una verdadera reliquia pues es la única prensa de este tipo que aún sigue en perfecto estado de funcionamiento.

Se trata de un mecanismo formado por un gran brazo de madera de pino de flandes , fuertemente sujeto por cuerda de cáñamo y grandes abrazaderas de hierro, en cuyo extremo posee un gran tornillo que levanta dos enormes piedras de molino. Puede desarrollar una presión de 110 kilos por centímetro cuadrado debido a su enorme brazo de 17 metros de longitud y a dos piedras de 4.000 kilos de peso colocadas en su extremo, y puede presionar 15.000 kilos de uvas de una sola operación. Conserva todas sus piezas originales, y tiene un peso estimado de doce toneladas.

La Viga y el viejo lagar han sido declarados como Bien de Interés Cultural (terminología que antiguamente equivalía a la de monumento nacional) por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.

Una vez al año, en las Bodegas Góngora se desarrolla el rito de la obtención del mosto con la monumental “Viga del Lagar” en el viejo lagar de la bodega. Los operarios dan forma a las uvas hasta obtener una especie de meseta de unos tres metros de diámetro denominada “pié”. El pié es rodeado por varias vueltas de una maroma que impedirá que la uva se desparrame cuando comience la presión de la viga.

La masa de uvas se cubre con unos tablones sobre los que se colocan transversalmente otros tres maderos que se denominan “marranos” y que servirán de apoyo a la “marrana”, cima de la pirámide y punto de contacto con la viga. El maestro de viga da orden de elevar mediante un tornillo de madera de granadillo uno de los extremos del colosal tronco hasta que éste, mediante la “galápaga” (concha de hierro situada en la parte inferior de la viga) toca la marrana. En ese momento la viga ya se puede fijar en la “capilla”, la cual soporta el empuje hacia arriba merced a la consistencia de su madera de encina y a la compensación arquitectónica introducida con el torreón que se encuentra sobre ella y en el extremo opuesto al tornillo.

La siguiente fase del proceso es hacer bajar el punto de viga más distante de la uva girando el tornillo, lo cual permite desarrollar la fuerza de una palanca, en un efecto similar al de un cascanueces. Con la presión efectuada de 110 kilos por centímetro cuadrado, el mosto comienza a fluir por el suelo y se va introduciendo por los huecos de los depósitos, donde quedará almacenado. Al primer mosto, fruto de la primera pasada de viga del lagar, se le denomina “yema”, en alusión a su calidad. Ésta disminuye conforme se van sucediendo las pasadas de la viga, la cual realiza una presión uniforme, característica fundamental para que la uva dé lo mejor de su néctar sin impurezas que puedan deteriorar la calidad del producto.

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